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Texto del códice

Si el guarda es un elfo dalishano...
Cuando los niños de nuestro pueblo llegan a la mayoría de edad, ganan el privilegio de llevar la vallaslin, la escritura de la sangre. Esto nos hace distintos de los shemlen y de los elfos que se han unido a ellos. Nos recuerda que nunca renunciaremos a nuestras tradiciones y creencias.

El ritual es merecedor de una gran veneración. El candidato a obtener la vallaslin debe prepararse meditando sobre los dioses y las costumbres de nuestro pueblo y purificando su cuerpo y su piel. Cuando llega el momento, el guardián del saber del clan aplica la escritura de la sangre. Esto se hace en completo silencio. Los gritos de dolor son signos de debilidad. Si uno no puede aguantar el dolor de la escritura de la sangre, es que no esta listo para asumir las responsabilidades de un adulto. El custodio puede detener el ritual si decide que el que ha de recibir la vallaslin aún no está preparado. No tiene nada de vergonzoso, porque cada niño es diferente y nuestros antepasados tardaron siglos en llegar a la mayoría de edad.

--Según fue contado por Gisharel, custodio del clan Ralaferin de los elfos dalishanos


Si el guarda no es un elfo dalishano o en Dragon Age II...
Tras mi encuentro con los elfos dalishanos en la carretera de Nevarra, estudié todo libro sobre los elfos que pude encontrar. Busque en los mitos y leyendas y en la historia y traté de encontrarle un sentido a todo. ¡Pero los libros contienen tantísima información! Sabia que para comprender verdaderamente a los dalishanos tendría que salir en su busca, lo cual fue una terrible idea, como descubriría más tarde. He de decir en mi defensa que era joven y que la idea me embriago en cuanto se me ocurrió. Por desgracia, incluso después de recobrar cierta dosis de sobriedad, la idea seguía atrayéndome. Resultó ser extremadamente resistente a mis intentos de hacer caso omiso de ella.

Renuncié a ello meses después de darle vueltas a ese pensamiento persistente y partí en busca de los dalishanos para aprender de ellos de primera mano. Recorrí a pie los bosques que rodean Orlais durante semanas hasta que, finalmente, encontré a un cazador dalishano... o, mejor dicho, me encontró él. Fui a caer en una de sus trampas y, de repente, me encontré colgando de un árbol, atado por lo tobillos.

Ahí estaba yo, indefenso, boca abajo, con la túnica tapándome la cabeza, enseñando la ropa interior. La relación de mis apuros puede provocar las risas en el presente, pero créanme que es una situación que no le deseo a nadie. Por suerte, mi ridículo aspecto debió de detener la mano de mi captor pues, ¿qué amenaza representa un humano con los cazadores al aire?

Así que se sentó, hizo una pequeña hoguera y empezó a desollar al ciervo que había cazado. Pronto reuní el valor suficiente para hablar. Intenté convencerlo de que no representaba un peligro para él, pero se rió y me contestó que, si lo que pretendía era hacerle daño, había fallado miserablemente. Al final, nos pusimos a hablar, y por hablar quiere decir que le hacia preguntas y él se dignaba a responderlas de vez en cuando.

Me contó que, aunque algunos dalishanos buscan de manera activa a los humanos para robarles o asustarlos, la mayor parte de su pueblo prefiere que los dejen en paz. Él parecía ser de la creencia de que castigar a los humanos por sus actos pasados solo comportaba más violencia. Le pregunté sobre los intrincados tatuajes que llevaban en el rostro y me dijo que se llamaban vallaslin, la "escritura de la sangre". Los suyos eran los símbolos de Andruil, la Cazadora, una de las diosas élficas más reverenciadas. Me contó que los dalishanos se marcan así para distinguirse de los humanos y de los de su propia estirpe que han escogido vivir bajo el imperio de éstos. Me explico que la vallaslin es una manera de recordarle a su pueblo que nunca más deben volver a renunciar a sus creencias.

Cuando terminó de desollar al ciervo, me soltó. En cuanto conseguí ponerme de pie y dominar todo el mareo por la sangre que se me había acumulado en la cabeza, ya había desaparecido.

No les recomiendo a mis lectores que busquen a los dalishanos por su cuenta. Tuve mucha suerte de encontrarme con aquel elfo en cuestión y de haber salido ileso de nuestro encontró. Quizás el Hacedor vela por los que buscan el conocimiento con el corazón abierto; sin duda, me gustaría creerlo.

--De En busca del saber: viajes de un erudito de la Capilla, del hermano Genitivi

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