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Entrada del códice: Las cenizas sagradas de Andraste

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Ver también: Misión: La urna de las cenizas sagradas

Texto del códice

Solo una persona presenció la traición de Maferath: Havard, el Auspicioso. Amigo de infancia de Maferath, acompañó a su jefe al encuentro con los tevinteranos sin saber qué planeaba éste. Cuando comprendió que Maferath estaba entregando a Andraste para que la ejecutaran, Havard, poco deseoso de desenvainar la espada contra su amigo y señor, se interpuso entre Andraste y los soldados de Tevinter. Los tevinteranos lo abatieron y Maferath lo dio por muerto.

Gravemente herido, Havard consiguió llegar a las puertas de Minrathous en un intento de detener la ejecución. Cuando llegó ahí, el terrible acto ya se había consumado y los ejércitos se habían dispersado por la llanura. Havard, maldiciendo su debilidad, reunió los restos terrenales de Andraste, que habían dejado al antojo del viento y la lluvia, y lloró. Cuando sus dedos tocaron el montón de cenizas, llegó a sus oídos un canto y contempló ante él una visión de Andraste, vestida con una ropa hecha de la luz de la estrellas. Ella se arrodilló a su lado y le dijo: "Que el Hacedor nunca te olvide mientra yo te recuerde".

Y el canto se desvaneció, y la visión con él. Y Havard vio que se encontraba solo, pero sus heridas estaban curadas. Con fuerzas redobladas, Havard cogió las cenizas de nuestra señora y las llevó de vuelta a la tierra de los alamarri.

Temiendo que los partidarios de Maferath profanaran las cenizas de Andraste, Havard las llevó a un lugar apartado en lo alto de las montañas y ahí tallo en la roca viva una urna para guardarlas.

Transcurrió el tiempo, y el paradero de la urna se desvaneció del recuerdo. Quizá fuera voluntad del Hacedor que solo los más dignos pudieran encontrar el último lugar de descanso de su amada. En la actualidad, solo tenemos leyendas como a del gentilhombre Lothair, que fue en pos de la Urna para salvar a su moribunda hija y la encontró a tiempo de salvarla... o apareció un centenar de años después de la muerte de ésta. El final de las baladas se muestra muy poco preciso en este aspecto.

--De Thedas: mitos y leyendas, del hermano Genitivi.

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